Francisco Véjar

Cicatrices y estrellas

 

Cicatrices y estrellas

 

 

 

 

Gravedad y gaviota

 

No es simple constatar la indiferencia de los amigos ante el paisaje.

Ellos olvidaron la costumbre y manía

de reconocer otras huellas en la arena de la playa.

Las dunas en ese lugar guardan secretos de adolescentes

que luego la noche se encargará de reunir.

 

Al mar se le debe mirar de frente

y visualizar sus cambios del turquesa al plata,

seguir el vuelo de las gaviotas que desafía nuestros leyes

de gravedad

y viven emigrando de un país a otro

como ropajes de gitanas.

 

Por lo menos aquí se puede andar

con el cuello de la camisa abierto y descalzo,

esperando las sílabas que pronuncia el oleaje,

ondulaciones que no se preocupan

de figurar en el mapa.

 

 

 

 

Cicatrices y estrellas

 

Bajo la música del Duque y las páginas de Vian me escondo

entre la sombra de personajes que bailan hasta desaparecer.

Hermoso lugar, como el país diminuto en que el gato

es monarca absoluto entre insectos y hojas secas.

Pero a veces el universo de otros es preferible a esta tarde

de junio, en que vemos desfallecer las luces

a través de la espuma de los días y un espejo engañoso.

Cascadas de big band, cicatrices y estrellas.

 

 

 

 

Sin despertar al follaje

 

Miramos las hojas de los árboles

donde quedan nuestros vestigios de humanidad

con más aprensión que quietud

pues el viento tratará de borrar todo,

incluso la ventisca de tu pelo

en cuyo bosque suelo desaparecer.

 

Si la magia no fuera pasajera, dirías:

¡Espéranos, tiempo inexorable!

Y deja que el árbol, diga árbol

cuando mueve las hojas.

 

 

 

 

Capítulo de novela

 

Pertenezco también a esta ciudad,

creo en la ficción que encarna,

el de alguien que no se reconoce en los espejos.

Pienso en lo que alimenta a estas calles

en el atardecer donde caminas,

única amiga de estos años reales,

al salir de un film que retrata

a dos trashumantes buscando empleo,

escribiendo absurdos sonetos

acerca de la risa que nos provoca un diálogo de sordos

o el viajar en un anacrónico Austin-Mini.

Pertenezco también a esta ciudad,

mas algo nos une y separa del abismo,

de cuartos vacíos y sombras

que se encuentran un instante

en lo que está más allá de nosotros.

 

 

 

 

Allí duerme mi padre

 

Visito el cementerio:

allí duerme mi padre

sobre polvo y más polvo

donde no hay más que el silencio sordo de otras voces,

lápidas casi borradas por las tempestades:

débiles huellas sobre el mármol.

 

El viento desordena el entorno.

camino sobre pétalos resecos

que se unen a la tierra,

sobre pedazos de labios

que se juntaban para amarse.

Pero no hay respuesta.

 

Un día espíritu y carne

fueron fuertes,

vagaban sin prisa,

releyendo en el aire las señales de la vida.

 

Estoy de pie en este mundo,

mirando como muere la tarde,

sintiendo la enarbolada sensación de contener

en un segundo otros ecos.

 

Hay pasos que oyen,

hay ojos disueltos que observan,

también el destello de la nada.

 

Allí duerme mi padre

frío y delicado como la nieve.

 

 

 

 

Francisco Véjar. Nació en Viña del Mar, en 1967. Es poeta, crítico, antólogo y ensayista chileno. Incluido en diversas antologías, tanto en Chile como en el extranjero, sus textos han sido traducidos al inglés, italiano, portugués, croata, y catalán. El 2006 la revista Poesía, dirigida por Nicola Crocetti en Milán, Italia, abordó su trabajo poético, desde Fluvial (1988) en adelante. La exégesis y traducción fueron hechas por Cristina Sparagana. Es así como ha publicado los siguientes libros de poemas: Música para un álbum personal (1992), Canciones imposibles (1998), País Insomnio (2000) y El Emboscado (2003).  En 2008, publica La fiesta y la ceniza, Editorial Universitaria, Colección: El Poliedro y el Mar. En tanto, el 2009, da a conocer su libro de crónicas Los Inesperados, donde da cuenta de la vida y obra de Nicanor Parra, Jorge Teillier, Raúl Ruiz, Efraín Barquero, Pedro Lastra y Claudio Giaconi. En 2015, es seleccionado en la antología GIOVANI POESIA LATINOAMERICANA, traducida por el poeta italiano, Gianni Darconza (Raffaelli Editores, Roma, Italia).  Un año más tarde, publica en España, Cicatrices y Estrellas (Huerga & Fierro Editores). Y en 2019, publica la antología “Poemas de la realidad secreta”, en la Editorial Visor, con selección y prólogo de su autoría. En la actualidad, es crítico de poesía de Revista de Libros del diario El Mercurio.

Written by Mario Meléndez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Teresa Calderón

Paz Molina