Francesca Serragnoli

La casi noche

 

La casi noche

 

 

(Traducción al español de Zingonia Zingone)

 

 

 

Nadie me quiere por madre

me miran y no hablan

con ojos azules o cafés

golpean sus manos en las rodillas

y corren descalzos

por las entradas luminosas.

 

*

 

Me mata y me roza

lavar ropa es llamarada

lino que separa los planetas

ondea la barajita de una catástrofe

 

entre tú y yo mueve un violín

la tormenta es casi un tango

la mano firme en la espalda

la vida volcada el rostro caído

 

pero todavía no he pasado por encima

de ese poco de pudor

y barro el planeta

mi propio polvo.

 

*

 

El olor a roca

coagulado en una piedra de sangre

entra a los pulmones

como una gaviota

 

la roca está viva de musgo

el verde sale como un animal

 

en el verde claro

la piedra esquivada de cada tumba

 

el viento sacude la mirada

como un ramo de olivo

casi roto.

 

*

 

Miseria de historias sin contar

la hora frente a la que

no podrás ya postrar nada

ser escuchado cuando lloras

las cigarras las hojas de la encina

las blancas estelas cruzadas en la luna

las narices mojadas de los animales

el olor a miel

beber cuando tengas sed

el olor de las manos que han cocinado

el silencio en la sala de espera

el café, el vino.

 

Todo en el mundo es diminuto

cae al suelo como los niños

te mira con ojos petrificados

un segundo antes de llorar.

Abro mis brazos

como una madre o como una cruz.

 

*

 

Prestar tu boca

como las hojas rojas de un seto cortado

o mirar a alguien

entre risas garabatear la muerte

que ha visto a Dios y la vida

jalar cuerdas de campanas

como si el tiempo ahorcado

muriera en una música.

 

*

 

Hay vidas mágicas

vestidas de impermeable negro

cabello a cortinilla

huérfanas de cenas

de vasos que chocan

 

(no es pestilente lástima como estilo de vida)

en esos pasos monótonos que van hacia el altar

esa moneda en la boca, caritas

el hombre tranquilo con los ojos colgados hacia abajo

en esa estela hospitalaria, en ese vagón

cuántas desesperaciones han subido

la misericordia del hombre de nada

el hombre que al voltearte está allí

sentado en la banca.

 

*

 

Deberíamos tener el coraje de morir

en un lugar donde la vida se recompone

observando un árbol que hemos amado

llevar a mi padre allí, sentado

sin hacer nada

junto al viento dulce

que se lo llevará, algún día

 

quedarse fuera de casa

ya no es un peligro

la sonrisa del primer sol de mayo

tiene para los ancianos el pudor de una madre

las golondrinas rondan

como una mano batiendo

un huevo con azúcar

 

no hay prisa, tómate todo el tiempo

para comer y levantar los ojos

contra ese rostro descolorido

que regresa para tomar de nuevo tu mano

y yo compartiré con ella

una cuchara y luego otra.

 

*

 

Tus ojos de Habanero

rodean la alegría

de oscuro en la oscuridad

 

como reías y la expresión

no se caía

 

sentía una araña remontar

en su brisa de dragón

atándome en círculos de seda

 

yo era la criatura inmóvil

con el mar en la boca

que nada mueve para vivir.

 

*

 

Todo se tambalea

todo se asienta en su exterminio

como un oboe

roto por una rodilla.

 

Mientras tú lavas los platos de tu reino

el aire se derrumba en el viento

entra tierra por las ventanas.

 

El amanecer está maduro

y cortado

en tu rostro vivaquea mi corazón

se levanta sólo para temblar

una vela lo sostiene en las manos

como un labio en agonía.

 

 

 

 

 

Francesca Serragnoli (Boloña, Italia, 1972. Es licenciada en Letras Modernas y Ciencias Religiosas. Ha publicado los poemarios Il fianco dove poggiare un figlio (Boloña 2003, segunda edición por Raffaelli Editore, 2012) , Il rubino del martedì (Raffaelli Editore, 2010), Aprile di là (LietoColle – colección Pordenonelegge, 2016), y La quasi notte (MC edizioni, 2020). En castellano cuenta con la publicación de Abril de allá (HDJ ed., Buenos Aires, 2020) en la traducción de María Cecilia Micetich.

Written by Mario Meléndez

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