El mago de la soledad

 

Qué irán a decir las palabras cuando muera

seguramente nada

y ese será sin duda mi mejor poema

 

 

 

Cicatrices de guerra

 

A veces

cuando me emborracho

las palabras me traen a casa

en un viejo triciclo de madera

Y lejos de quitarme los zapatos

y acostarme

como ocurre en estos casos

me dejan tirado en el jardín

lleno de hormigas

y con la cara pegada

al foco del alumbrado

Eso te pasa por escribir malos poemas

me dicen

y se marchan cantando y riendo

abrazadas

a mi última cerveza

 

 

 

 

Señales de ruta

 

Si te pierdes en el bosque del lenguaje

piensa el poema que más te guste

y dilo en voz alta

Las palabras nos llevan de la mano

me grita Dios

desde una estrella a pedales

Cuando llegues al último verso

encontrarás la salida

 

 

 

 

Precauciones de última hora

 

Debo cuidarme de los gusanos

cuando me entierren

lo más seguro

es que hablen mal de mí

que escupan sobre mis poemas

y orinen las flores frescas

que adornarán mi tumba

Llegado sea el caso

que hasta devoren mis huesos

me arranquen los intestinos

o en el colmo de la injusticia

se roben mi diente de oro

Y todo esto porque en vida

jamás escribí sobre ellos

 

 

 

 

Cámara lenta

 

El señor del chaleco triste

ya no da de comer a las palomas

los domingos por la tarde

 

Ahora ha encontrado una viuda joven

con la que espera pasar sus últimos días

tendidos en el lecho y comiendo manzanas

 

Los domingos por la tarde

vuelve a aquella plaza

del brazo de su amada

 

y se sienta en el mismo banco

a contar la misma historia

que antes repitiera a las palomas

 

La mujer escucha embelesada

cada palabra que asoma

por la boca de su héroe

 

El paisaje se cruza de brazos

el viento cabecea y bosteza entre los árboles

la tarde sale a estirar las piernas

 

las palomas lo miran con nostalgia

 

 

 

 

Sr. Pessoa

 

Usted está hecho de frutas extrañas

que envejecen cada tarde

al volver a casa

Son frutas inútiles como esas cartas

que lleva en la memoria

 

Así es la vida, señor Pessoa

la mano que mece la cuna

fue cortada por un tren de carga

donde iban sus heterónimos

crucificados

 

Deberá escribir sus obituarios

Y quién escribirá el suyo

ahora que Dios sólo pinta grafitis

en las tumbas de los niños muertos

 

 

 

 

Sinfonía negra

 

Eva colgaba sus muertos de la ventana

para que el aire lamiera los rostros

preñados de cicatrices

Ella miraba esos rostros y sonreía

mientras el viento empujaba sus senos

hacia la noche agusanada

Una orgía de aromas sacudía el silencio

donde ella se deseaba a sí misma

y entre suspiros y adioses

un grillo ciego desmalezaba

sus antiguos violines

Nadie se acercaba a Eva

cuando daba de mamar a sus muertos

la cólera y el frío

se disputaban su adolescencia

el orgasmo daba paso al horror

el deseo a la sangre

y pequeñas criaturas violentas

despegaban de su vientre

poblando los amaneceres

de luto y de pesadillas

Luego

cuando todo quedaba en calma

y las sombras por fin

regresaban a su origen

Eva guardaba sus muertos

besándolos en la boca

y dormía desnuda sobre ellos

hasta la próxima luna llena

 

 

 

  

Crónicas de un circo pobre

 

El domador entró desnudo a la jaula

La trapecista entró desnuda a la jaula

El león había muerto

pero la jaula rugía

como en sus mejores tiempos

 

 

 

(El mago de la soledad. Antología. Valparaíso ediciones, 2020)

Written by Mario Meléndez

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Lejos de la vanidad y el egoísmo que campea por estas tierras a manos llenas

Javier Alvarado