Luis García Montero

La ausencia es una forma del invierno

 

La ausencia es una forma del invierno

 

 

 

 

 

DA VERGÜENZA DECIRLO

 

Con los ojos vendados,

para que no pudieses recordar el camino,

intenté conducirte

al refugio sereno donde guardé mi vida.

Da vergüenza decirlo,

pero a veces los años construyen una casa

de medios sentimientos,

de verdades medianas,

de pasiones dormidas como animales viejos,

de cenizas y sueños humillados.

Y el cuerpo se acostumbra,

y las sombras apoyan su cabeza

en un pecho de sombra,

y el corazón se siente en paz o se doblega

a una derrota cómoda sin heridas mortales.

 

Da vergüenza decirlo.

 

Con los ojos vendados

para que no pudieses recordar el camino,

intenté conducirte

a mi mundo sereno de verdades a medias.

No me ha sido posible.

 

Esta noche insegura,

que mueve los relojes con la prisa

de tu pulso más vivo,

me envuelve y me repite:

no te ha sido posible.

 

Esta noche de viento,

que fue soltando amarras hasta quedarse tuya

como un delirio de melena negra,

me llama y me confirma:

no te ha sido posible.

 

Esta noche de gente

que pasa por las calles con tus ojos,

con la forma que tienes de vestirte,

con tu sonrisa de país lejano,

esta noche me empuja y me convence:

no te ha sido posible.

 

Y aquí estoy yo,

que voy soltando amarras hasta quedarme tuyo

y camino hacia el mar

con los ojos cerrados,

como una barca deja su refugio,

una barca feliz que se repite:

no me ha sido posible,

porque nada me importa,

sólo tu piel,

la piel de una tormenta.

 

Da vergüenza decirlo.

 

 

 

 

CARTAS

 

Como cierras los ojos,

cierras también los sobres de tus cartas.

La misma voluntad de retener un sueño,

de retener el mundo palabra por palabra

para poder contármelo,

porque la luz, las fechas y el nombre de las calles

y la cafetería de las comidas rápidas

o la penumbra del estar desnudos,

son ahora la huella de tu mano,

imágenes que saben devolverme

los primeros encuentros,

igual que un sueño salva parte de nuestra vida

y nos cuenta su historia

al dejarnos dormidos.

 

No sé cómo decirte

que soy más tuyo cuando soy del mundo,

porque tu letra tiene

ese color del cielo ya metido en septiembre,

y la tinta es un día con voluntad de lluvia,

el recuerdo cayendo como en una ventana,

horas en tu ciudad, paseos y lugares,

agua que justifica mi mesa de trabajo,

al caer sobre ella en un sobre tranquilo,

en un sobre cerrado

como cierras los ojos al quedarte dormida.

 

Y soy del mundo cuando soy más tuyo,

por la misma razón que los días de lluvia

nos devuelven palabras de familia

y el olor de la tierra.

 

 

 

 

LA AUSENCIA ES UNA FORMA
DEL INVIERNO

 

Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,

con ese mismo invierno que hiela las canciones

cuando la tarde cae en la radio de un coche,

como los telegramas, como la voz herida

que cruza los teléfonos nocturnos

igual que un faro cruza

por la melancolía de las barcas en tierra,

como las dudas y las certidumbres,

como mi silueta en la ventana,

así duele una noche,

con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,

con esa misma nieve que me ha dejado en blanco,

pues todo se me olvida

si tengo que aprender a recordarte.

 

 

 

 

POÉTICA

 

Hay momentos también en que dejamos

las palabras de amor y los silencios

para hablar de poesía.

Tú descansas la voz en el pasado

y recuerdas el título de un libro,

la historia de unos versos,

la noche juvenil de algunos cantautores,

la importancia que tienen

poetas y banderas en tu vida.

Yo te hablo de comas y mayúsculas,

de imágenes que sobran o que faltan,

de la necesidad de conseguir un ritmo

que sujete la historia,

igual que con las manos se sujetan

la humedad y los muros de un castillo de arena.

Y recuerdo también algunos versos

en noches donde comas y mayúsculas,

metáforas y ritmos,

calentaron mi casa,

me dieron compañía,

supieron convencerme

con tu mismo poder de seducción.

 

Ya sé que otros poetas

se visten de poeta,

van a las oficinas del silencio,

administran los bancos del fulgor,

calculan con esencias

los saldos de sus fondos interiores,

son antorcha de reyes y de dioses

o son lengua de infierno.

 

Será que tienen alma.

Yo me conformo con tenerte a ti

y con tener conciencia.

 

 

 

 

Luis García Montero (Granada, España, 1958). Ha publicado libros como Habitaciones separadas (1994), Completamente viernes (1998), Vista cansada (2008) o Balada en la muerte de la poesía (2016). Catedrático de Literatura española en la Universidad de Granada, poeta, narrador, ensayista, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional, el Premio de la Crítica, el Premio Poetas del Mundo Latino y el Premio Carlo Betocchi. Actualmente dirige el Instituto Cervantes.

 

Written by Mario Meléndez

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