Análisis crítico

 

Algunos juicios sobre su obra

 

“Mario Meléndez fue un descubrimiento que yo pude hacer. Leí sus poemas y pude constatar que era una voz muy personal y muy valiosa; muy auténtica; no imita; escribe lo suyo con mucho decoro, sensibilidad, inteligencia y calidad”. (Roque Esteban Scarpa. Premio Nacional de Literatura. Chile, 1980)

 

“Una poesía sólida, con un eficaz manejo del lenguaje; siempre inquietante y a veces pesadillesca, pero no exenta de humor, sitúa al poeta chileno Mario Meléndez en la primera línea de su generación. Una poesía que se sostiene en cualquier idioma”. (Oscar Hahn. Premio Nacional de Literatura. Chile, 2012)

 

“¡Caramba! Hace tiempo que no leía un texto que se sostuviera por sí solo”. (Nicanor Parra, sobre La muerte tiene los días contados, de Mario Meléndez)

 

“Mario Meléndez es chileno, pero ha vivido en México y ahora en Italia. Tiene apellido de poeta neoclásico y, sin embargo, el carcaj de su poesía contiene flechas modernísimas que apuntan al corazón del siglo XXI. La belleza que habita en sus versos es diferente, acaso única. Está hecha de sorpresas, de juegos de lenguaje más o menos sofisticados (dependiendo del objetivo que se plantea en cada verso). Es la suya una poesía muy panamericana, muy telúrica, pero a la vez muy delicadamente surrealista. Sus poemas son como un cuadro de Magritte que se hubiera pintado allá en lo alto de la cordillera andina, en un nido de cóndores”. (Luis Alberto de Cuenca. Poeta y ensayista español)

 

“La obra de Mario Meléndez, notable poeta chileno, ofrece voces varias o modos diversos de la poesía. En todos está él, porque los buenos poetas tienen voz que se vuelve cuño, pero al tiempo suele enseñarnos (Meléndez lo hace) que el camino del poema no es uno, como creen los dogmáticos, sino como todo plural. Y así hay poemas que juegan con las palabras y sus significados, pero en otros (menos lúdicos, aunque el ludismo es sagrado) se alza la voz rebelde de la América hispana, que como quería el gran Darío, está llamada a esa revuelta noble. Aparezcan Rimbaud, Huidobro o un gato poeta apellidado Gatica, el poema hace su apuesta primordial: acrecer con el lenguaje los significados y sentidos de la vida y del estar vivos. Poesía plural y unitaria, pues, de ensalmo, rebeldía, realismo y magia, nos certifica que la voz lírica de Mario Meléndez es una voz que cuenta, que debe contar en nuestro enorme territorio”. (Luis Antonio de Villena. Poeta español)

 

“Eres un gran poeta, Mario Meléndez, y estos poemas de la muerte te singularizan entre los muchos que escribieron de ella. Tienen ternura, humor poético, profundidad, a mitad
de camino entre la cultura surrealista-hiperrealista y la cultura clásica y de la calle. Gran poemario. Felicidades”. (Isla Correyero. Poeta española)

 

“Mario Meléndez representa en su poesía un decir vivo del siglo XXI, un decir compuesto de misterio y claridad en proporciones exactas. Su obra es una aproximación certera a la verdad, una revelación por el camino de la belleza”. (Rafael Courtoisie. Poeta y narrador uruguayo)

 

“Joven, como intensamente jóvenes son siempre los poetas, Mario Meléndez nos dona sus versos poderosos, capaces de hacer ingresar en la sensibilidad del lector ese universo adolorido y a la vez fulgurante, donde el conflicto es un sol en torno del cual giran los seres y las cosas. El mundo que habita y sufre Meléndez es parecido al nuestro, más contemplado, entendido y descrito con una rara cualidad, la de la inteligencia poética. La huidiza condición humana no tiene mayores secretos para una pluma diestra como la de este autor, quien no necesita de metáforas lujosas -sí, de las funcionales al sentido- para desgranar la potencia de sus visiones. Un lenguaje directo y sencillo es el recurso que emplea su talento y nos asombra poema tras poema: cuando pensábamos que aquello a lo que se refiere Meléndez era innombrable -al menos, para los alcances del lenguaje- comprobamos que era posible hacerlo; claro, luego de que Meléndez lo hizo. Una de las voces más interesantes, hoy, de toda América Latina”. (Luis Benítez. Poeta y ensayista argentino)

 

“Hermanos / éste es el cuerpo de un poeta / tomad y comed todo de él…”. Estos versos resumen, apenas, la poesía de Mario Meléndez, resumen y expanden, la honda poesía de él. M.M. no se esconde líricamente, él, en sus poemas, se nombra con nombre y apellido, pero no egolátricamente, sino ofertoriamente. Poesía solidaria pero sin presunción, lúdica a la vez, como para tamizar, aliviarnos, el dolor con el que carga, el dolor, el de los otros, los “hermanos”, pero que hace suyo, padece y en ese padecer, esa pasión, le da forma, los cobija en la poesía. M.M. sabe que desde que el mal entró en el mundo, el dolor no sólo duele, también revela. Algo de esa revelación son estos poemas, algo de eso y mucho más”. (Hugo Mujica. Poeta y ensayista argentino)

 

“La poesía de Mario Meléndez es una rara flor de exquisito perfume en el bosque insondable de la poesía hispanoamericana actual, sus procedimientos literarios alumbran con originalidad profunda las fulgurantes e inesperadas audacias de estilo que otorgan unidad y pertinencia a su discurso poético. Quien penetre en su universo creativo será imantado por la fuerza de las imágenes plásticas y por la melódica sonoridad de su idioma musical y figurativo. Su escritura es el testimonio de una vida dedicada enteramente a la poesía, el retrato del alma contemporánea en el río de nuestra lengua”. (Mario Bojórquez. Poeta, ensayista y traductor mexicano).

 

“En su poesía se percibe algo impetuosamente fresco y ágil: una riqueza de movimientos y de aperturas fantasiosas como raramente se encuentran en la nueva poesía italiana. Es el suyo un canto inagotable en su imaginario el de inventarse y reinventarse. Es la singularidad de una voz que desentierra, que forja y musicalmente compone. La traducción de algunos de sus textos ha constituido para mí el descubrimiento de un poeta originalísimo, con su carga de energía apasionante, incluso exaltante.
Raramente se hacen encuentros afortunados. Uno de esos encuentros que generosamente nos recompensan con su regalo de poesía que se concede a quien tenga la paciencia y el gusto de la literatura voluntariosa, no prevenida.
Mario Meléndez es uno de esos poetas que hace falta incluir entre los conocimientos no estériles”. (Emilio Coco. Poeta y traductor italiano)

 

«La muerte tiene los días contados es un volumen imprescindible para la poesía hispanoamericana de hoy, pues luego de tanta experimentación con respecto a este tema que según Heidegger resumiría todas las angustias existenciales del ser humano, aquí se le da un vuelco de tuerca, necesario por su desacralización y contingencia». (Francisco Véjar. Poeta y crítico chileno)

 

“Imágenes surreales, fuera del tiempo y del espacio, se superponen y se persiguen con soluciones escénicas prodigiosas y sorprendentes para reflexionar sobre la muerte, más que como un hecho individual y personal, como una dimensión política y social”. (Ombretta Ciurnelli. Ensayista y crítica italiana. Sobre La muerte tiene los días contados, de Mario Meléndez)

 

“La poesía de Mario Meléndez me llamó la atención hace varios años por su poema “El clan Sinatra”, que combina una gran imaginación con un lenguaje lleno de humor y compasión. En esta selección hay poemas nuevos para mí que captan la esencia de dos figuras legendarias de Chile: Vicente Huidobro, el poeta vanguardista, y Guacolda, un personaje en La araucana, poema épico de Alonso de Ercilla. También se incluye un poema sobre los pobres que veranean en la playa, descritos por Meléndez con tanta perspicacia y simpatía, que son las características más conmovedoras del poeta. Cada poema cuenta una historia lúcida y penetrante, y hasta los gusanos y la muerte son, en manos del autor, sujetos a quienes damos la bienvenida por la luz que ellos emiten sobre la riqueza de nuestras vidas. Aplaudo esta antología de un poeta chileno que escribe con una fluidez y originalidad cada vez más impresionantes”. (Dave Oliphant. Traductor y académico de la universidad de Austin, Texas)

 

“Desde su título, el libro de Mario Meléndez se sitúa como una obra poética muy sólida y de alto vuelo, como lo dije desde la primera vez que escuché esos poemas en la Casa de la Cultura de Coyoacán, México, hace algunos años, y leídos por su autor. ¿Qué palpita en esas páginas? Madurez, buen ritmo, sentido del humor, iluminaciones, conversión del aparente absurdo en una nueva dimensión de lo real.
Vida y muerte alimentándose como en todas las culturas, desde siempre. Un poeta célebremente antiguo y muy nuevo, por fortuna. Se ilumina en sus textos nuestro idioma”. (Hernán Lavín Cerda. Sobre La muerte tiene los días contados).

 

“Como el mago que es, Mario Meléndez crea en la soledad imágenes inimitablemente espléndidas, sacadas de abajo de la manga, la camisa o la chistera. No en balde su afinidad mayor es con su coterráneo Vicente Huidobro a quien le escribe un poema como pequeño –alto- homenaje.
Por su lado, el mismo Mario Meléndez es chileno por recuerdos sin marchitación y corazón múltiple, mexicano por transportar dondequiera desde hace años nuestras piedras ancestrales, y latinoamericano integral que se lleva las costas del océano Pacífico al este italiano, en fin, resumiendo, Mario es ante todo y para siempre un ciudadano de la poesía.
El mago de la soledad son poemas entre la revelación y la sombra, la realidad trístida y la llamarada mágica”. (Marco Antonio Campos. Poeta y ensayista mexicano)

 

“Sin duda El mago de la soledad es una muestra del trabajo y la evolución de un poeta que poco a poco ha ido construyendo su propio nombre en el contexto de la poesía hispanoamericana. La presente antología es un punto en medio del camino de un poeta que no se detiene, de uno que va y que regresa al origen de su propia vocación. Mario Meléndez es un poeta que en cada texto celebra la existencia, la realidad presente y su reverso, celebra la tradición que lo precede y de la que él se siente un ciudadano más en busca de su nombre, de su casa y del lenguaje, de lo inaudito, del pasado que sabe a futuro, del verdadero Misterio. Mario Meléndez es un mago de la soledad”. (Álvaro Solís. Poeta y ensayista mexicano).

 

“La poesía de Mario Meléndez es una extensa, rupturista y lúdica fábula de lo real y lo surreal. Imágenes mortuorias y cuadros del absurdo cotidiano registran un viaje hacia los múltiples ámbitos de la condición humana, un viaje –diremos- de permanentes idas
y vueltas donde no faltan un humor tierno y a veces decididamente cruel, y una imaginería que se arraiga en los mitos y en la historia de personajes y comunidades sin voz ni letra.
Diestro constructor de imágenes y ritmos, Meléndez opera con un amplio registro de lenguajes (coloquial, hermético, cronístico, etc.) para construir relatos y alegorías que sustraen y a la vez instalan al lector en mundos conocidos y desconocidos, aunque siempre revestidos de una original extrañeza.
La poesía de Meléndez es la visión de un niño asombrado y travieso escrita con la mano amarga y lúcida de un hombre sin esperanzas ni utopías.
Esa rara amalgama de tonos, melodías y sensaciones que aportan la inocencia creadora y el realismo de la experiencia, hacen de su escritura un recorrido por arquetipos y símbolos universales, por tierras baldías y ciudades en plena fundación, por cánticos íntimos y secretos, por epopeyas individuales y colectivas donde convergen lo prosaico y lo lírico, la cultura popular y las altas cumbres clásicas. Una poesía viva, dinámica, cambiante y autocrítica; una poesía en crecimiento tenaz que se instala a paso seguro como una válida referencia en el concierto poético latinoamericano de este azaroso siglo XXI”. (Jaime Luis Huenún. Poeta chileno)

 

“En los poemas de Mario Meléndez se aglutinan una inteligencia sutil y una sensibilidad fascinante y extraordinaria. Su quehacer literario se fusiona (y/o distorsiona) en la gran raigambre poética de su país natal (de especial interés es su poema “Vincent 1993” dedicado a Huidobro).
Esa mirada precisa y el hallazgo de instantes memorables, de los estados emocionales que trasmite, se instauran irremediablemente en una sintaxis (o en su subversión) que
posibilita que el lector disponga libremente del ritmo del poema en una íntima interpretación; así la cadencia o su ausencia, surgen de manera inesperada en donde concurren asombrosas imágenes plenas de un cariz emocional trascendental.
Nos sorprende de su poesía la utilización de recursos insólitos, la imagen de la muerte al mejor estilo de Poe, la fugacidad de la existencia como metáfora gótica del fluir del tiempo o la destrucción de la humano, todas ellas como piezas condenadas a la hecatombe del individuo en ominoso tránsito. La cotidianeidad y la naturalidad literaria de Meléndez, adquieren en su materia poética una fisionomía teñida de lo asombroso y lo absurdo.
Su discurso poético es inmediato, y así, los significantes de Meléndez se visten de gala para ofrecernos un mágico espectáculo, que nos conmueve y revitaliza”. (María Ángeles Vázquez. Crítica literaria española. Doctora en literatura Hispanoamericana).

 

“Hay en sus versos una densidad metafísica y una melancolía que nos asoman a lo hondo y a lo misterioso. Mario Meléndez es un mago con un toque de tristeza, como cualquier mago que se precie, que nos habla sin ínfulas y con desenfado de sus soledades y que con las cosas inesperadas que va sacando de la chistera consigue siempre sorprender a los lectores”. (Eloy Sánchez Rosillo. Poeta y ensayista español)

 

“En un tiempo en que la poesía empieza a asimilarse demasiado con el intimismo del diario personal, la prosa lineal y el mero comentario argumental -vale decir, el enunciado de una idea nunca resuelta en el caldero de las transfiguraciones- el lector agradece el trabajo de poetas como el chileno Mario Meléndez, quien desarrolla su expresión instalándose en la denominada tradición de ruptura. En esa línea busca priorizar el ritmo y la metáfora. Vale decir: una búsqueda en la que resplandece la imagen sobre el lomo de una respiración agitada. Una poesía cosmopolita y a la vez de raíz indoamericana, que más que distanciarse de las voces tutelares de la lírica de su país, las asimila a fin de enriquecer una propuesta propia en la que subyace el elemento visual de Vicente Huidobro, el diálogo con la tierra de Pablo Neruda y el gemido feroz de Pablo de Rokha. La poesía de Meléndez brilla en textos de gran condensación y en logradas imágenes que se imponen a los pasajes narrativos. En cuanto a sus núcleos –muchas veces ensanchados por la escena desgarradora- podría hablarse de un abanico temático en el que anida una lucha de opuestos: eros y thanatos, lo que funda y lo que devasta. También la palabra aparece tematizada en este panorama de la escritura de Meléndez, quien en “Señales de ruta” anota: “Si te pierdes en el bosque del lenguaje / piensa el poema que más te guste / y dilo en voz alta // Las palabras nos llevan de la mano… Cuando llegues al último verso / encontrarás la salida”; aunque es sabido que quien nos lleva de la mano es el misterio y que nos dejará en otro bosque donde de nuevo tocará indagar y buscar una puerta, una llave, una clave, una palabra, un talismán. Así una y otra vez”. (Jorge Boccanera. Poeta y periodista argentino)

Written by Rodrigo Stanger

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

La vuelta al mundo en 80 días

Enlaces a traducciones de la Obra